Oraciones a quemarropa, disparos de amor
Marcos Sainz Bacherer
Como cristianos creemos que no estamos solos.
Somos solidarios con Jesucristo y con los hombres.
Somos células del Cuerpo de Cristo;
todos juntos y Cristo formamos un solo organismo:
el Cristo Total.
De la oración “Cristo Total”
¿Cómo orar?
En el intento o el logro de ser uno con toda la creación, para comulgar con Cristo Lucho dice:
La intimidad es la transparencia del amor. Tal vez, es el único lenguaje plenamente comunicativo. En la intimidad se roza lo absoluto.” (De la Oración Intimidad)
Así orar es descubrir ese absoluto dentro de nosotros hablando con Dios sin fórmulas o formalismos, siendo verdaderos:
Jesucristo, nos da miedo la verdad, para serte sinceros. La verdad nos pone en carne viva; delata nuestra cobardía; descubre nuestras tergiversaciones; y nos obliga a actuar. (De la oración Sinceridad)
Con la lectura de Oraciones a quemarropa veremos que orar es actuar con, por y en Dios.
Vamos por partes. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define a quemarropa como aquello que se dice de “disparar un arma de fuego: Desde muy cerca” y también: “De modo brusco y demasiado directo. Le preguntó a quemarropa.” Así, podemos entender que se puede orar de un modo cercano, brusco y directo, de esta manera no hay posibilidades de errar el disparo. Parece brutal y descarnado, un atrevimiento, orar como en una lucha, un enfrentamiento a balazos lingüísticos. Hay un enojo existencial que se transparenta en este libro, un apuro por encontrar respuestas a las angustias de la existencia humana y aparece enfrente de nosotros un ser que tiene una vida demasiado intensa, como toda vida, pero en el caso de Luis Espinal es una intensidad muy coherente con los pasos que dio en su vida, en sus actos, en sus palabras y en lo que el destino le preparó. Por ello, aquí no podemos hablar exclusivamente de una voz poética, se hace necesario encontrar también la voz del autor porque no son poemas escritos para la poesía exclusivamente, además son textos, oraciones para encontrar respuestas en Dios, en el diálogo íntimo -un grito hacia dentro que ocurre entre él y su Dios interior-, su alma, que actúa dándole luces sobre el camino a seguir, pero también como un Dios que calla y le deja al hombre, al ser humano la suprema responsabilidad de eliminar el silencio con las palabras y los actos que construirán nuestro camino sobre la tierra; pero no estamos solos, ya Dios nos habló, nos dio su ejemplo, así nos lo dice en el poema “Egoísmo”:
Pero eres tan bueno, que a pesar de todo nos hablas.
Un camino que, nos enteramos al leerlo, está hecho de un amor que suprime la muerte. Del poema “Cristo glorioso”:
¡Qué nos importa la espera! Aceptamos con ilusión la lucha y la muerte; porque Tú, nuestro Amor, no mueres.
Resucitar en el recuerdo de un pueblo amado y amante
El amor como el “secreto” de la vida eterna, así en la vida y obra de Lucho la palabra mártir se queda chica y hay que inventar otra, porque no sólo estaba en contra del martirio sino que encarnó algo más, dice el diccionario antes citado que mártir es: “Persona que padece muerte por amor de Jesucristo y en defensa de la religión cristiana” o también “Persona que muere o padece mucho en defensa de otras creencias, convicciones o causas”, de él es necesario decir con neologismo, que fue más bien un Resurrector: “Persona que vive su muerte y resurrección en el deseo y la imaginación del pueblo, sembrando vida, alegría y esperanza porque es un ejemplo de luz, ejemplo de vida, ejemplo de amor”; no por nada más de 80.000 personas lo acompañaron, marcharon en su entierro. Esto ya estaba prefigurado en los versos de “Adelante”:
Otros, tal vez, podrán darte el corazón de golpe, y encerrar el universo en un paréntesis colosal; pero, nosotros no. Debemos ir con el corazón en la mano para enjugar lágrimas y restañar heridas. Hemos de entregarnos y decir siempre: “Adiós”, amar profundamente pero siempre en marcha.
Lucho es una luz en la historia de Bolivia, luz que ilumina miles de hogares bolivianos, desde las calles, colegios, bibliotecas y agrupaciones o instituciones que llevan su nombre, es el amor que le tenemos el que demuestra que en él se cumple su destino definitivo, es el amor con el que lo recordamos el que suprime su muerte y lo convierte en símbolo del ser latinoamericano, aquel que es digno de ser imitado (definición de lo que se convierte en clásico). Y esto no se queda ahí, nuestra lectura, que nace de los textos de Oraciones a quemarropa, pretende hacer suyo el verso del poema “Castidad-obsesión”:
Danos unos ojos de niño para ver con limpieza tu creación; que recordemos que Tú lo hiciste todo “bueno”.
O aquel que, en el poema “No acostumbrarse” propone:
Quisiéramos ver siempre las cosas por primera vez; quisiéramos una sensibilidad no cauterizada, para maravillarnos y sublevarnos.
Fervor, compromiso y júbilo
Así, esta lectura propone una perspectiva en la que, al mismo tiempo, estas Oraciones son un desafío para el lector, quien se ve enfrentado a sentir que es el Dios interior de Lucho y que es el Pueblo de Lucho y por último el Ser Humano que ora, el que reza estas oraciones y las hace suyas… todo ello con ojos niños. Una perspectiva que no será difícil adoptar si hacemos nuestro el verso de “Juventud sin Dios”, que dispara:
Dales el pan de tu presencia.
En todo caso se trata de una relación en la cual el lector sale ganando, ya sea que se identifique con el fervor del que ora, con el compromiso del pueblo y con el júbilo del Dios interior, algo auténticamente boliviano.
¿Cuántas veces enfrentamos en Bolivia personas que piensan de una manera muy distinta a la nuestra y debemos tolerarlos y comulgar con ellos?, tragamos saliva y lo hacemos, fortalecidos por esta obra de Lucho que claramente pone al lector de Dios interior del autor cuando encuentra a Dios en el prójimo como en el poema “Retiro”:
Nos sonríes desde todo rostro humano.
O como en la oración “Veraneo”:
Ahora que estamos más en contacto con la naturaleza, quisiéramos avivar el instinto de verte en todas las cosas y en todas las personas.
Y también en el poema “¿Y Dios…?”:
Señor del misterio, danos a sentir tu presencia en el corazón de la vida; queremos hallarte en lo profundo de lo cotidiano.
Estás tan cerca que es un error salir en tu búsqueda, lejos. Estás presente entre nosotros, en cada uno; te revelas en todo esto que fascina o hiere.
Y en el poema “Misterio de la persona” dispara:
Aun la persona más vulgar o despreciable encierra su misterio; si lo descubriésemos la llegaríamos a amar.
Entonces no se trata solamente de encontrar a Dios en todo y en todos, es amarlos a todos, del poema “Cansados de ser cristianos”:
Que te amemos en cada persona…
El deseo al orar es tener hambre de Dios, hambre de compartir con Dios, que es agua y es fuego al mismo tiempo, es aire, aliento vital, es tierra. Lo menciona en el poema “Vida profunda”:
Los gestos cristianos, las frases, nos salen de la periferia, con la carga amortiguada. Nos falta vida interior, en el silencio o sin él; pero eso sí, asirte
Señor, ahora sentimos nostalgias de oración; pero ésta debería ser nuestra hambre, cada día, y no sólo un fin de semana…
Activa tu presencia para incendiarlo todo.
Dios como fuego, como lo dice más adelante en ese mismo poema, citando a la biblia, Dios como “Fuente de Agua Viva”.
Finalmente citemos unos versos de la oración “Juventud”, donde se resume su actitud de vida, que después completa en la oración “Prudencia”:
Consérvanos la imprudencia de la juventud. La bendita imprudencia que es capaz de jugarse la vida por un ideal; capaz de ilusión y de amor.
Lucho es un discípulo de Cristo tan noble y verdadero, de una vida tan auténtica que podemos decirle resurrector con las mismas palabras que él dedicó a Jesucristo en la oración “Cristo Glorioso”, porque él en vida y ahora muerto está (valga la paradoja), con, por y en Cristo:
Tu dolor ya pasó; tus enemigos han fracasado antes de nacer. Tú eres el Rey de la sonrisa definitiva.
*Ver en Internet dentro de la colección EIDES, cuaderno nº 31 está publicada una antología de escritos y poemas de Luis Espinal con el título “Oraciones a quemarropa”, que es de donde tomamos los poemas citados aquí.
GASTAR LA VIDA
Jesucristo ha dicho:
“Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mi, la recobrará en la vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida,
entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía…
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.
Luis Espinal Camps.




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