Presentamos un resumen del texto de Víctor Codina “Lluis Espinal, Gastar la vida por los demás” como introducción a una serie de reflexiones y/o reportajes sobre la vida y obra de Lucho que saldrán en nuestra página web. ¿Por qué?, porque necesitamos quien nos recuerde nuestra razón de ser en este mundo, misión y visión. Lucho lo hace como quien nada hace, con maestría natural.
Nace el año 1932. Llega a Bolivia en 1968 se nacionaliza casi de inmediato (en 1970) y muere en 1980.
Serio, reservado, exigente consigo mismo, amable con los demás, alegre, vitalista, ingenioso, con fino sentido del humor, sensibilidad artística. Honrado consigo mismo, con los demás y con Dios. Hombre auténtico, enemigo de componendas y de medias tintas. Solía decir que había nacido para ser santo o bandido. No era hombre de soluciones diplomáticas ni de componendas.
Los que sólo veían en él a un hombre callado y reservado pronto quedaban desconcertados al percibir que detrás de una aparente impasibilidad se escondía el fuego del genio. En Espinal, como buen catalán, se daban tanto el “seny” (prudencia) como la “rauxa” (arrojo y valentía).
Tiene una faceta muy peculiar que lo distancia del militante político, del ideólogo de despacho o del párroco tradicional, él es un profesional de la comunicación, hombre de relaciones y de cultura, que usa la palabra y la imagen como única arma para transmitir su mensaje al pueblo.
Modelo de diálogo entre fe y cultura. Cultura de la solidaridad y de la justicia.
Su denuncia profética contra un sistema de injusticia se complementaba positivamente con una opción por la vida. La vida es para él sagrada. Este respeto por la vida le llevaba a valorar todas las dimensiones de la vida humana: la libertad, el ansia de verdad de justicia.
Descubre la necesidad de que el pueblo sea el protagonista de su historia, recupere su memoria popular y sea él mismo el artífice del cambio social. El pueblo para avanzar en su marcha de la historia necesita pioneros, profetas, hombres de visión, que abran caminos de futuro, aunque sea con riesgo. La vida es riesgo y el que no se arriesga es indigno de la vida. Jesús se arriesgó y fue mal comprendido. Entregar la vida por el pueblo, lo realizó existencialmente. Colaboró activamente en la creación y actividad de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos. Despedido de Televisión boliviana, de Radio FIDES y de Presencia. Junto con un grupo de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos ingresó en una huelga de hambre que duró 19 días al final cuando los desalojaron se convirtió en una huelga de sed, hasta que el gobierno concedió la amnistía plena.
La huelga de hambre constituyó una de las experiencias más intensas de su vida. Tuvo consciencia lúcida de que se jugaba la vida, pero esto le producía una gran serenidad: “La vida es para eso, para gastarla… por los demás”.
La huelga de hambre era una experiencia límite a la cual se lanzaba con serenidad, sin entusiasmo, críticamente, simplemente para apoyar a las mujeres mineras.
Experimenta que, a pesar de su condición de “intelectual pequeño burgués”, en la huelga se ve inmerso en una experiencia histórica, popular y revolucionaria. Se siente útil al pueblo, al servicio del pueblo.
“Morir por un pueblo puede dar más carta de ciudadanía que nacer en él”
La huelga de hambre es ante todo una experiencia de la propia corporalidad. Lucho describe en un fino análisis el dolor de los primeros días, el hambre, el dolor de cabeza, la debilidad, la somnolencia, el cansancio, la irritación de los ojos, el dolor en la boca… Más tarde cuando radicaliza la huelga de hambre en huelga de sed nota enseguida los efectos: “la boca y la garganta se secan, la lengua parece de corcho, en la boca no hay saliva, se hace difícil hablar, la sed convierte en el dolor de un cuchillo clavado en el paladar y que va hasta el cerebro”.
Lo que el pueblo sufre cada día y sin opciones, él lo ha experimentado como en un laboratorio. Esto lleva a comprender mejor al pueblo, su valentía y su ira ante la injusticia.
Por otra parte, el hambre y la misma somnolencia producen un estado de especial lucidez, en el límite entre la vigilia y el sueño, de emotividad, de agresividad, nerviosismo, pánico, ansiedad, de radicalización de posturas anteriores. La huelga se convirtió en el mejor cursillo de concientización política. Descubre también la eficacia de la no violencia activa en la línea de Gandhi y de Luther King.
Para él fue además una profunda experiencia espiritual. Aunque celebraron dos misas en el grupo, él no sentía necesidad de “espiritualizar” la huelga:
“El hambre me resultaba un magnífico rito religioso de solidaridad y comunión. ¿Por qué buscar a Dios por otros caminos, cuando sufro solidariamente con mis hermanos? ¿Por qué buscar a Dios en el misterio, cuando era tan tangible en la vida?”
La huelga fue una experiencia grupal: si celebrar juntos une, mucho más hambrear juntos.
“No solamente se ha conseguido lo que se pedía, sino que se ha dado esperanza y osadía al resto del pueblo”
“Hemos visto claramente que hay cosas que valen más que la propia vida. ¿No será un ideal muy rastrero esperar morirse de senectud y vejez?, ¿no será mejor morir por algo?”
“Finalmente, no hemos hecho la huelga de hambre tú o yo; ha sido todo un pueblo, hemos sido uno más dentro de la corriente. No he hecho nada extraordinario; era algo que simplemente había que hacer.”
Tiempo después fue secuestrado, torturado por unas cuatro horas y asesinado con 17 balazos.
Más de ochenta mil personas lo acompañaron al cementerio.
Su vida es un relato de liberación.



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